Cheng Yiyang y Salvador Marinaro

La última aventura del Quijote. La historia de la literatura española según los comentaristas chinos del siglo XX

西班牙文学在中国

La recepción de las literaturas extranjeras está cruzada por las transformaciones que se vivieron en China a lo largo del siglo XX. Desde el Quijote hasta Miguel de Unamuno, los libros escritos en español fueron incorporándose a los debates por la modernización y la profesionalización de los centros de traducción y de estudio en el país asiático. Este ensayo de los profesores Cheng Yiyang y Salvador Marinaro indaga en las distintas etapas de este diálogo entre literaturas.

En la dedicatoria al conde de Lemos que antecede a la segunda parte del Quijote, Cervantes reconoce que recibió una invitación del emperador de China para dirigir un colegio español. El mensajero real se le presentó con una carta escrita “en lengua chinesca”, por la cual el soberano le rogaba una copia del nuevo volumen. A continuación, afirmaba su deseo de fundar una escuela donde se estudiara “la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote”. Por eso, justamente, le ofrecía la dirección de tal establecimiento.

Cervantes rechazó la oferta, o al menos así se lee, porque su salud no iba a permitir “tan largo viaje” y además porque el emperador había olvidado enviarle los gastos para emprender el periplo. Al final, el escritor prefirió a su mecenas: “emperador por emperador y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear”.

La ironía en la dedicatoria hace referencia al imaginario europeo sobre el Extremo Asiático a principios del siglo XVII. De hecho, por la fecha en la que fue firmada, bien podría referirse al emperador Wanli, decimotercer soberano de la dinastía Ming, quien catorce años antes había recibido en el palacio al jesuita Diego de Pantoja. La epístola del misionero fue reproducida por toda Europa y, probablemente, sirvió de fuente para la dedicatoria cervantina.

A pesar de las aspiraciones del autor del Quijote (o quizás por aquel rechazo inicial), la literatura española deberá esperar más de tres siglos para abrirse paso entre los lectores chinos y no estará librada de los avatares del siglo XX en China. Los primeros comentarios y reseñas de obras en español se vinculan al contexto cultural de los primeros años de la República de Sun Yat-sen, cuando los intelectuales chinos miraban hacia Europa y Estados Unidos en búsqueda de los fundamentos de una renovación estética y moral de la nación. Las primeras traducciones de autores como Cervantes o Miguel de Unamunose hicieron durante un periodo de transición política y social, a través de lecturas indirectas y mediadas por otros idiomas, como el inglés y el japonés. Este contexto dejó sus huellas en las interpretaciones que hicieron los intelectuales chinos y, como se verá a continuación, en los modos de comprender la historia de la literatura española desde los primeros manuales, publicados entre los años 1920 y 1930, hasta las décadas que siguieron a la Reforma y Apertura de Deng Xiaoping.

A principios del siglo XX, China atravesaba una profunda crisis política y social. Las llamadas Guerras del Opio desmembraron el país en regiones de dominio extranjero y sumergieron a la dinastía Qing en un periodo de decadencia que se extendió por más de cincuenta años. Los sucesivos levantamientos y conflictos internos que enfrentaron al gobierno Manchú contribuyeron a la aparición de “señores de la guerra” que dominaban partes del territorio. Desde el fin de la Segunda Guerra del Opio, el gobierno fundó la escuela Tongwen Yuan, que tenía por objetivo educar a los nuevos funcionarios encargados de las relaciones exteriores. Entre otras asignaturas, se brindaban lecciones de inglés, francés, alemán, ruso y japonés. Quizás por la distancia geográfica y cultural, el español no era considerado una prioridad.

Los últimos años de la Dinastía Qing y la primera década de la República de China, fundada en 1911, coincidió con un periodo de profundos debates en el seno de la comunidad intelectual sobre las maneras de sacar al país del atraso. La generación de jóvenes que protagonizaron el Movimiento del Cuatro de Mayo (un conjunto de protestas ocasionadas por la decisión del Tratado de Versalles de ceder partes del territorio chino a Japón) realizó un cuestionamiento general a la cultura clásica. Sus ideas impactaron en los modos de escribir (por ejemplo, la preferencia del chino vernacular o báihuà contra el chino tradicional o wényán) hasta pensar el vínculo con las literaturas extranjeras. La premisa que compartían los modernistas era que China debía realizar un cambio fundamental (expresada en la metáfora del “despertar” en el cuento “Diario de un loco” de Lu Xun) para enfrentarse a los desafíos del siglo XX. 

En este contexto apareció el primer comentario sobre literatura española, firmado por una de las figuras clave del modernismo chino: Zhou Zouren. Nacido en 1881, era el hermano mayor de Lu Xun (nombre de pluma de Zhou Shuren). Ambos formaron parte de un grupo de estudiantes becados por el gobierno para asistir a las universidades en el extranjero, como resultado de las reformas emprendidas durante los últimos años del gobierno Manchú. Los principales destinos fueron las universidades de Japón y Estados Unidos. En 1906, Zhou y su hermano viajaron a Tokio para estudiar Ingeniería y Medicina. 

Ambos se interesaron por la literatura extranjera a través de las publicaciones japonesas y tomaron diversos seminarios sobre cultura clásica (como latín y griego) y filología china. Pronto, dejaron sus carreras para dedicarse por completo a las letras. Después de volver y contraer matrimonio con una japonesa, Zhou tomó un cargo en la Universidad de Pekín para enseñar literatura europea en 1918. Ese año, los materiales de sus seminarios dieron lugar al volumen Historia de la literatura europea. Allí se incluyen los primeros comentarios en caracteres chinos sobre obras como El Cantar del mío CidDon Quijote (cuya grafía Don Quixote delata la lectura en inglés) o autores tan disímiles y distantes en el tiempo como Góngora, Ignacio de Luzán, Benito Feijóo, José de Espronceda o José Zorrilla.

Dada la importancia de su autor y la difusión de la obra, su rol histórico es innegable. No obstante, los materiales utilizados para redactar este libro eran limitados. La mayoría de las fuentes utilizadas eran en inglés y, por lo tanto, su visión de la literatura española estaba mediada por el mundo anglosajón y otras corrientes europeas. Por ejemplo, en el capítulo sobre el teatro del siglo XVI, Zhou comenta que las obras solían ser imitaciones de los dramas clásicos griegos y romanos, o del neoclasicismo italiano. De la misma manera, la literatura española del siglo XVIII era una reproducción de las corrientes francesas de la época. Para el siglo XIX, el autor afirma que Ángel de Saavedra estaba influenciado por Lord Byron y Chateaubriand, José de Espronceda se presentaba como una reproducción de los románticos ingleses y Gustavo Adolfo Bécquer era la versión en español de Heinrich Heine y Hoffman. Una lectura superficial de los comentarios de Zhou haría suponer que España no produjo una tradición literaria propia.

Cabe destacar que la generación de intelectuales de principios del siglo XX se percibía más como activistas sociales que eruditos de literatura extranjera. En la mayoría de sus ensayos, las referencias a la historia occidental y a los autores europeos servían para expresar un ideario político. Por ejemplo, en el manifiesto “Píngmín wénxué”o “Literatura humana”, después de hacer un repaso por el Iluminismo europeo y compararlo con la tradición clásica china, aboga por la adopción de una forma de humanismo en el país asiático. Esta impronta es recurrente en los comentarios de su Historia de la literatura europea.

Luego de esta publicación, Zhou colaboró con su hermano en la traducción de las obras de Miguel de Unamuno (desde una versión japonesa) y, también, en las publicaciones de las novelas del escritor Pío Baroja. En el comentario que escribió Lu Xun sobre Canciones del suburbio se identificaba al pueblo vasco con los asiáticos que se enfrentaban al imperialismo europeo y al expansionismo japonés. Esta interpretación significó una amplia recepción entre los escritores chinos de la época. Otra figura fundamental entre los intelectuales chinos de principios del siglo XX, Mao Dun manifestó su admiración por los escritos de Baroja. 

Las lecturas indirectas a través de otros idiomas, intervenidas por los debates intelectuales del momento y mediadas por centros académicos como las universidades norteamericanas y japonesas, fue una constante en el segundo compendio de literatura española. En 1931, la editorial china más representativa de la etapa republicana, Prensa Comercial de Shanghái, publicó el volumen Literatura Española,escrito por Wan Liangjun y Zhu Manhua. El libro se reeditó dos veces, una en mayo y otra en agosto de 1934, lo que muestra la amplia recepción entre los lectores. Se trata del primer volumen dedicado exclusivamente a las letras hispanas que se publicó en China.

Un análisis de la bibliografía demuestra que las fuentes utilizadas provenían, principalmente, del hispanismo anglosajón. Se mencionan libros como A History of Spanish Literature del cervantista británico James Fitzmaurice Kelly, Main Currents of Spanish Literaturedel profesor de la Universidad de Harvard Jeremiah D. M. Ford y Contemporary Spanish Literature publicado por el especialista inglés en la obra de Fray Luis de León, Aubrey F. G. Bell. De la misma manera, las anotaciones en lenguas extranjeras estaban escritas en inglés. En la mayoría de los textos académicos chinos, los nombres de lugares y personajes históricos, además de su adaptación en caracteres, suele escribirse entre paréntesis la versión original. En los escritos de Wan y Zhu, el rey de León es nombrado como “King of Leon”, el conde de Lucanor como “Count of Lucanor”. Por último, en los análisis de los libros se hace referencia a los comentarios de El Cantar de Mío Cid que realizó Ramón Menéndez Pidal en la Universidad de Harvard o los análisis de la poesía medieval que el profesor Henry Roseman Lang brindó en la Universidad de Yale. Es decir, las principales referencias provenían de las academias inglesas y norteamericanas.

Además de este empleo de fuentes, en el libro se observan adaptaciones relacionadas a los valores y modas de la sociedad china de la época. Por ejemplo, los autores critican a Lope de Vega por sus “comportamientos inmorales” e identifican las “novelas de caballerías” con las novelas de Kung Fu, muy populares entre los lectores asiáticos de la década del veinte y el treinta. Quizás, bajo la influencia de Lu Xun, los autores definen a Pío Baroja como el “escritor actual más famoso” de España, un comentario que difícilmente provenga de otra historia de la literatura de la época. 

Además, el momento en el que fue escrito dejó otras marcas en el texto. Como José Echegaray había obtenido el premio Nobel en 1904, y Jacinto Benavente en 1922, sus obras son ampliamente valoradas por los comentaristas. Al contrario, otro dramaturgo como Ramón del Valle-Inclán pasa prácticamente desapercibido. De la misma manera, los autores prefieren la obra de Juan Ramón Jiménez a la de Antonio Machado. Aun así, sorprende cuán exhaustiva es la selección de autores cuando solo se contaba con un puñado de traducciones al mandarín. Entre sus páginas, se publican comentarios sobre Unamuno, Azorín, José Ortega y Gasset, Menéndez Pidal y Marcelino Menéndez Pelayo. Es decir, se concentra en los intelectuales españoles de fines del siglo XIX y principios del XX.

Por la misma época, se editaron por primera vez las obras de Azorín y Federico García Lorca traducidas por el poeta y periodista Dai Wangshu. Luego de estudiar en la Universidad de la Aurora en Shanghái, Dai viajó a Lyon para perfeccionar sus estudios de francés entre 1932 y 1935. Antes del estallido de la Guerra Civil, Dai realizó un viaje por España donde entró en contacto con las obras de los autores que, más tarde, volcó al mandarín. 

La invasión japonesa a Manchuria en 1931 marcó el inicio de la segunda guerra sino-japonesa e interrumpió los avances que se habían realizado en la adaptación de las literaturas extranjeras. El país se sumió en un largo conflicto armado que se extendería hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Si bien la invasión del ejército nipón puso en suspenso los enfrentamientos entre nacionalistas y comunistas, la capitulación después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, activó de nuevo el conflicto interno. Luego de haber perdido el control de las principales ciudades a principios de 1949, el gobierno de Chiang Kai-shek se refugió en Taiwán. El primero de octubre de ese año, Mao Zedong dio un discurso en la Puerta de Tiananmén, en la antigua capital imperial, donde se anunció la fundación de la República Popular China.

Si bien a partir de 1953 las traducciones de poetas y narradores en español se multiplicaron, las ediciones tenían una clara preferencia por el realismo social y las obras de los escritores cercanos al Partido Comunista. La Revolución Cubana en 1959 consolidó la carrera de español en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, pero los cursos fueron interrumpidos durante la Revolución Cultural.

El siguiente comentario sobre las letras españolas apareció cuatro años después del inicio de las políticas de Reforma y Apertura, iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, que implicó entre otras medidas la reapertura de las casas de altos estudios en China continental. El volumen Historia Breve de la Literatura Española fue publicado por el hispanista Meng Fu, pionero de la enseñanza de la literatura hispana durante el gobierno de Mao Zedong.

Meng Fu había nacido en 1916 y se graduó de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Tsinghua a los veintiún años. A continuación, se incorporó al gobierno y actuó como diplomático en Chile antes del establecimiento de la República Popular. Luego de un breve paso por la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, volvió a China para participar de la fundación de la primera facultad de Filología Hispánica de la que fue decano.

La obra de Meng está marcada explícitamente por la ideología de su autor y atravesada por una lectura política: critica los poemas místicos medievales como una influencia de la Iglesia Católica, reprocha los “valores capitalistas” en los autores de fin de siglo y aprecia el realismo como una tendencia que mostraba los pesares del pueblo. Por ejemplo, considera que El Conde Lucanor representa una crítica a la hipocresía e ignorancia del clero y, por ende, debe ser entendida como una obra “progresista”. A menudo, en el libro se habla de “la Iglesia Católica reaccionaria” y de “los fantasmas medievales” (uno de los eslóganes de la Revolución Cultural mencionaba que era necesario expurgar “los monstruos y fantasmas” de la burguesía).

A diferencia de los libros anteriores, considera que Pío Baroja estuvo influido por pensadores “burgueses”, como Nietzsche y Schopenhauer. Reprueba los poemas místicos de Juan Ramón Jiménez y, al mismo tiempo, destaca el comentario elogioso que escribió Carlos Marx sobre Jovellanos, al que calificó como “un amigo del pueblo”. Tampoco la Generación del 98 estuvo libre de sus críticas por la importancia que le dieron los autores al idealismo filosófico. Así, Unamuno, Azorín y los hermanos Machado eran considerados escritores que se sumergieron en el “decadentismo”. 

Si bien se trata del primer libro escrito con materiales de primera mano en español, el acceso a fuentes y artículos críticos estaba restringido por la falta de relaciones diplomáticas con España y la mayoría de los países occidentales. De hecho, muchas de las fuentes parecen provenir de la Unión Soviética, donde algunos intelectuales españoles estaban exiliados desde la Guerra Civil.

Las lecturas ideológicas se mantuvieron, incluso, durante el periodo posterior a las políticas de Reforma y Apertura. Los movimientos sociales y políticos de 1989 muestran cuán convulsa y heterogénea fue la vida intelectual durante la década de los noventa en China. Mientras tanto, las universidades iniciaban un proceso de formalización de las carreras de lenguas extranjeras, que concluiría con la apertura de más de noventa centros dedicados al estudio del hispanismo a principios del nuevo milenio. 

Este camino de profesionalización, que se vincula con el desarrollo y crecimiento de los centros de educativos, tuvo pasos y contrapasos en los modos de leer la literatura extranjera. Luego de la publicación del profesor Meng Fu, la aparición de La literatura española del Siglo XXen 1995 fue el primer trabajo dedicado a un periodo de tiempo determinado en el panorama de la literatura española.

Su autor, Zhang Xuhua, había nacido en 1935 y fue alumno de la cuarta promoción de Filología Hispánica en Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín. Después de graduarse, contribuyó en la apertura de los cursos de hispanismo de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái, el primer centro de su tipo al sur del río Yangtsé. A principios de los años 80, al igual que muchos hispanistas chinos, el autor viajó a México para perfeccionar la lengua y continuar con sus investigaciones. De hecho, el gobierno mexicano acordó a mediados de los setenta los primeros intercambios académicos entre China y un país de habla hispana, luego de la Apertura. 

Zhang fue discípulo del hispanista exiliado Horacio López Suárez y cursó los seminarios de otro expatriado, Carlos Blanco Aguinaga. De hecho, el ambiente político e intelectual de México influyó tanto en sus interpretaciones como las corrientes de su país. Su libro tiene una clara orientación política y una preferencia por el realismo social. De la misma manera que el manual anterior, critica a los escritores de la generación del 98 por haberse alejado de los pesares del pueblo. Afirma que el mayor aporte de Unamuno fue pensar a la literatura como una herramienta para la educación de los jóvenes y presentarla como un llamado para “despertar” a su comunidad. Antonio Machado termina siendo el “cantor del pueblo”, cuyo espíritu y patriotismo resultaban admirables.

Destacan las fuentes soviéticas de algunas de sus interpretaciones. De hecho, menciona que los escritores de la generación del 27 estuvieron influenciados por la Revolución Rusa. El volumen cuenta con un glosario de términos literarios en español, con su respectiva traducción al chino y un listado de los principales galardones literarios de España, como también quiénes recibieron el premio Nobel y el Cervantes. El comentarista agregó un apéndice con los autores más representativos de cada etapa y sus principales obras. En este volumen, se hace una distinción entre obras escritas en catalán, gallego y vasco. En este sentido, el trabajo de Zhang tiene un claro objetivo pedagógico y, si bien el trabajo da constantes muestras de la ideología de su autor, el tono general intenta ser objetivo.

Por último, en 1997, aparece el libro La literatura española publicado por uno de los hispanistas más influyentes en China, Dong Yansheng. Catedrático de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, el profesor Dong es conocido por su manual Español modernoque ha sido utilizado por más de cuarenta años por los estudiantes chinos de lengua castellana. Además, es el autor de la primera traducción directa del Quijote, cuya publicación obtuvo el premio Lu Xun, el galardón más importante otorgado a los traductores en el país asiático.

Dong sostuvo una polémica con la dramaturga e intelectual, Yang Jiang, quien había publicado una edición anterior del Quijote. Según el hispanista, la autora mostraba faltas de comprensión del original (de hecho, Yang había aprendido español como autodidacta), aunque destacaba su estilo “esquisito” en chino. Esta polémica demostró hasta qué punto el hispanismo y el estudio del castellano empezaron a tener un prestigio específico. El debate presentó al profesor y presidente de la Asociación de Hispanistas Asiáticos como una figura capaz de mantener una opinión independiente, pese a los consensos de la época que manifestaban su admiración por la escritora.

En su volumen, La literatura española,destaca su interés por la historia de la lengua (por su actividad como docente y lingüista). En la primera parte, describe el origen, la consolidación y los cambios que vivió el castellano a lo largo de su historia. El autor prefiere traducir los nombres españoles a su estilo, aunque ya existían traducciones anteriores ampliamente aceptadas por el público en general. Sus lecturas se diferencian de los comentaristas anteriores. Por ejemplo, al hablar de Lope de Vega, se despega de las referencias a la moralidad del escritor y pondera la obra.

Se destaca el tono elegante de su autor con reminiscencias al chino clásico. Si bien a lo largo de la obra hay una marca personal ineludible y sus meditaciones no suelen estar sustentadas por una reflexión teórica, el libro tiene una clara intensión académica. Eso no lo libera de errores. Por ejemplo, afirma que Menéndez Pidal ganó el premio Nobel en 1922 y que la generación del 98 se destaca por sus “pasiones” y no por su “racionalidad”.

Como se vio en las páginas anteriores, la traducción de la literatura extranjera estuvo en el centro del debate intelectual en China desde principios del siglo XX. Los escritores de la etapa republicana recurrieron a las obras occidentales para proponer una renovación cultural y moral ante el avance del expansionismo japonés y la continuidad de la guerra civil entre comunistas y nacionalistas. Esta manera de adaptar autores extranjeros a los debates intelectuales y a las tendencias ideológicas del momento fue una constante hasta fines del 1990. Si bien cada libro publicado sobre la historia de la literatura española tuvo un sesgo personal de sus autores, se notan las huellas de las corrientes estéticas, morales y políticas de la época. Estas marcas del contexto se observan en las fuentes utilizadas (del hispanismo anglosajón al realismo social soviético) como en los comentarios a los autores.

En este desarrollo histórico, se observa una tendencia a la profesionalización de los traductores y críticos hacia finales del siglo XX, como se observa en el debate protagonizado por Dong Yansheng y Yang Jiang. De hecho, los cuarenta mil estudiantes que se inscriben cada año en los centros universitarios hacen de China el país donde más rápidamente crece el estudio de la lengua castellana. Este factor será determinante para el desarrollo del hispanismo a lo largo del siglo XXI y los nuevos comentarios que se escriban sobre la literatura española en mandarín.

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