David Rodríguez

El mundo en una ostra

贝壳里的世界
Reseña /
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En Antropología culinaria, Nicolás Santa María decidió descontextualizar cada ingrediente de su medio ambiente para centrarse en la materia prima. Su trabajo con la luz y el foco en las formas, texturas y colores de los alimentos acercan su obra al universo del retrato y la fotografía de estudio hasta convertir a los productos en un hecho artístico.

Más de cien fotos de conchas, lechugas, champiñones y otros frutos secos se entremezclan en un mosaico multicolor a la entrada de la exposición Antropología culinaria de Chile a China del fotógrafo y cocinero chileno Nicolás Santa María Cea. Una exploración fotográfica de la infinita variedad de alimentos que el artista, un trotamundos, ha descubierto en sus travesías.  Y es que antes de instalarse en China, Nicolás vivió durante algunos años en Chiloé, un archipiélago en el Pacífico Sur de la Patagonia chilena, donde es posible encontrar más de doscientas variedades de papas entre los casi cien mil habitantes de la isla. Como hijo de una gran urbe, el descubrimiento de aquellas riquezas naturales fueron para el cocinero un tesoro. 

Así, apareció el objetivo de Santa María de “enaltecer los alimentos” a través del lente. Con una estructura compleja, cada alimento requirió su atención extrema. El fotógrafo aisló los productos, dejándolos suspendidos a cierta distancia de un sinfín negro, en un cuarto a oscuras, bajo una fuente única de luz. Su técnica recuerda a la manera en la que los artefactos son expuestos en el Museo de Arte Precolombino de Santiago de Chile. Al extraer cada alimento de la cacofonía del mundo, Santa María invita al espectador a perderse en los meandros de las formas, como en Cholga chilota (Chiloé, 2015), una especie de ostra en la que en su superficie se percibe un archipiélago de islas blancas y rosadas sobre un fondo de olas en un mar negro. “El mundo en una concha”, describe el fotógrafo.

Cholga chilota, 50 cm x 75 cm ©NicolasSantaMaría

Una vez en Shanghái, una megalópolis de 28 millones de habitantes donde toda la comida se importa o se descongela, nada podría ser más diferente que en Chiloé. Sin embargo, según Nicolás explica, “los dos sitios sufren del mismo aislamiento fundamental: la globalización nunca llegó a exportar la cultura gastronómica real ni del uno ni del otro”. En China, en un principio, el artista encontró en las conservas su terreno de exploración. Si bien después encontró alimentos frescos para fotografiar, el paralelo entre la preservación fotográfica de la naturaleza de Chiloé y los productos disecados que retrató en sus primeras obras Made in China nos recuerda el lazo entre sus fotografías y la idea de museo:  Santa María aparece como curador de un museo gastronómico. Así como selecciona meticulosamente los alimentos y los prepara para su conservación, organiza la exhibición para abrir la mirada y el apetito del público.

Además del trabajo de archivista, en Antropología culinaria, el fotógrafo incursionó en la creación. Nicolás no sólo exhibe “retratos”, sino que con los ingredientes compone. Con la paciencia y las pinzas del relojero, se puede ver en Mala (Shanghái, 2020) cómo ha ubicado uno a uno los granos de anís, clavos, laurel, canela y pimientos en una arquitectura casi molecular. Si los retratos exaltan el mundo intrínseco de cada alimento, acá cereales y especias forman constelaciones y galaxias. Las más complejas nos recuerdan algunas de las composiciones de Vasily Kandinsky o de Joan Miró. Las más sintéticas, como Goji (Shanghái, 2020) que reúne cientos de granos perfectamente dispuestos para formar un rectángulo, nos llevan de nuevo al mundo de la cultura Mapuche, donde construcciones geométricas son el vector visual de las creencias cosmogónicas de aquellos pueblos precolombinos. 

Mala, 50 cm x 75 cm ©NicolasSantaMaría

A primera vista las obras de Nicolás parecen indisociables de los bodegones de la pintura holandesa del siglo XVII. El mismo artista admira en ellos su utilización de la luz. Sin embargo, si aquellas naturalezas muertas se consideran alegorías del paso del tiempo y el carácter efímero de la vida, la muerte como última consecuencia, las fotografías de Nicolás respiran un deseo de transmitir vida. Parece casi ingenuo decir que sus obras son una naturaleza viva, pero esta noción es pertinente para definir sus imágenes que parecen exhalar un sentimiento de exploración amorosa. Sus obras son una invitación a no dar por hecho lo que se nos ofrece a diario, a prestar atención e indagar más allá, para ver cómo la creación misma se refleja en cada uno de los ingredientes. 

Antropología culinaria de Chile a China se puede visitar en la Biblioteca Miguel de Cervantes de Shanghái (Anfu Rd. 208) hasta fines de marzo de 2021.

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