Salvador Marinaro

Daniela Banderas: la pintora de los hogares imposibles

想象中的家园画家
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La artista y curadora chilena retrata en sus obras una particular mirada del territorio en el cual atraviesan influencias asiáticas y latinoamericanas.

Quizás, quienes mejor han meditado sobre el hogar sean los artistas que vivieron en un territorio imposible: el exilio. En su libro autobiográfico La analfabeta, la escritora húngara Agota Kristoff narra la experiencia que vivió con su familia al salir de su país natal con destino a Suiza. La experiencia de cambiar de lengua, de paisaje humano y natural le hace preguntarse si valió la pena transformarse en una apátrida a cambio de una vaga idea de esperanza. De la misma forma, la escritora chilena Lina Meruane explora en sus crónicas y relatos de no-ficción el camino inverso, los viajes que implicaron el autodescubrimiento como una descendiente de palestinos que llegaron a las costas de América del Sur. En Volverse Palestina, la autora narra un viaje de retorno a la tierra de sus ancestros, un éxodo que considera el “regreso prestado”, la visita a una tierra en la que nunca estuvo pero a la que siente propia por su historia familiar.

La inestabilidad del hogar es lo primero que uno percibe en los cuadros de la pintora y curadora chilena Daniela Banderas. Sus experimentaciones visuales están colmadas de figuras cortadas, siluetas apenas reconocibles, dibujos de hogares que con sólo un triángulo y un cuadro recuerdan a los diseños escolares. En ese juego entre lo que se ve y no se ve, entre lo que se intuye y se aprecia, está el núcleo de su obra que ha sido expuesta en Shanghái, Santiago y Viña del Mar, entre otras localidades de Chile.

En su serie Paisajes Rasposos del 2018, el papel de lija funciona como material de soporte sobre el cual las intervenciones de tinta y plumón anuncian un paisaje hostil y árido. Sin embargo, la calidez infantil de sus trazos sugiere un viaje a lo profundo, una vuelta a la memoria en su compleja dualidad. Los colores como el rojo, marrón y las escalas de grises, trasmiten una sensación táctil, como si el otoño se prolongara entre los matices y juego de sombras.

Dice la artista: “Tanto la ciudad como la naturaleza que habitamos, somatizan en sí las huellas de los cambios, de la interacción y de las múltiples realidades, productivas, sociales y culturales que generamos como especie”. Esta es el concepto que da origen al ciclo Paisajes suaves. Si en la colección anterior, la paleta oscilaba entre los colores tenues, en esta selección el amarillo destaca entre los paisajes urbanos y las siluetas de la cordillera que zigzaguea en segundo plano. Las formas geométricas contrastan entre las curvas orgánicas para dar lugar a un realismo sin forma: el uso abstracto de las figuras humanas.

La visión de un cuerpo entrelazado con el hogar (o atravesado por él) se observa en Paintings of no(w)here: Hoy es ayer. La figura de una mujer-niña, que toma sus propias manos en un gesto escolar, es interrumpida por los cortes geométricos. Es necesario observar que el título de este grupo, que Banderas viene desarrollando desde el 2016, tiene tres planos de significación. Now-Here, es decir “aquí y ahora”, nowhere como un no-lugar y por último la negativa del espacio de referencia: no-here o no-aquí. Este desdoblamiento se observa en cada uno de los trabajos que aprovecha las técnicas mixtas como el acrílico y pegamento con aserrín o la seda y tinta.

Sin embargo, esta intención de utilizar lugares y referencias de un modo abstracto, de retratar un paisaje que parece despojado de sus propios elementos aparece con particular intensidad en sus últimos trabajos a partir de cianotipias. Esta colección aprovecha una antigua técnica de fotografía sobre una superficie fotosensible. Las intervenciones sobre estas placas hace que los territorios se transformen en espacios imaginarios, paisajes invisibles, que tienen la volatilidad de los sueños.

En esta serie, incluso, se puede ver la influencia asiática y particularmente shanghainesa. Banderas se formó en la Universidad de Chile y más tarde en la Universidad Normal del Este de China y residió en Shanghái por casi ocho años. En sus imágenes de templos asiáticos y montañas atravesadas por ríos, se condensa la sensación que atraviesa toda su obra, la visión de que el hogar es en realidad un territorio imposible, que se diluye en el aire.

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